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La Paz, 11 de abril de 2026 (MSD/UCOM/105).- El 11 de abril se conmemora el Día Mundial del Parkinson, una fecha clave para la salud pública que busca poner luz sobre la segunda enfermedad neurodegenerativa más común del mundo. En un contexto donde la población tiende al envejecimiento, entender esta condición se vuelve una prioridad para evitar el aislamiento de los pacientes.

Contrario a la creencia popular, el Parkinson no es un cuadro que se limita exclusivamente al temblor; se trata de una enfermedad sistémica que afecta la autonomía de la persona a través de una compleja falta de dopamina que deriva en rigidez muscular, lentitud extrema para realizar movimientos cotidianos e inestabilidad postural. Estos síntomas motores conviven con manifestaciones no motoras a menudo invisibles pero altamente incapacitantes, como la depresión, la fatiga crónica y diversas alteraciones cognitivas que transforman profundamente el entorno cercano del paciente.

La situación epidemiológica en el país presenta desafíos particulares que se reflejan en las estadísticas oficiales del Registro de Personas con Discapacidad actualizadas al año 2025. Los datos revelan que la prevalencia de la enfermedad no se distribuye de manera uniforme, existiendo una marcada concentración de casos en el eje central del país. Santa Cruz, La Paz y Cochabamba agrupan aproximadamente al 75% de los pacientes registrados a nivel nacional, una cifra que evidencia no solo la densidad poblacional, sino también la necesidad crítica de fortalecer el diagnóstico especializado en las regiones periféricas y rurales donde el acceso a la neurología sigue siendo limitado.

Asimismo, el análisis de los registros de 2025 permite identificar una realidad preocupante respecto al estadio en que se detecta la enfermedad. La gran mayoría de los ciudadanos bolivianos que acceden al carnet de discapacidad por esta patología ya presentan cuadros calificados como graves o muy graves, con un compromiso de su autonomía superior al 50%. Esta tendencia sugiere que el diagnóstico suele ser tardío, privando al paciente de los beneficios de una intervención temprana. Además, el informe destaca un cambio en el perfil demográfico, pues aunque el grupo mayoritario supera los 60 años, existe una incidencia creciente en personas de entre 40 y 55 años, lo que traslada el impacto de la enfermedad al ámbito de la población económicamente activa y genera una presión adicional sobre los sistemas de seguridad social y el núcleo familiar.

El Parkinson no debe ser una sentencia de aislamiento, sino un llamado urgente a la empatía colectiva y a la mejora de las políticas de asistencia. En Bolivia, el desafío actual trasciende lo médico para convertirse en un compromiso social donde la detección oportuna y el apoyo integral al paciente y su cuidador son los pilares fundamentales.
El Ministerio de Salud y Deportes reitera su compromiso con las personas que viven con Parkinson y sus familias, y llama a la población a no ignorar los primeros síntomas. La consulta temprana con un médico especialista y acudir a un establecimiento de salud ante los síntomas son los primeros pasos una mejor calidad de vida.

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