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La Paz, 3 de marzo de 2026 (MSD/UCOM/054).- Cada 3 de marzo, se conmemora el Día Mundial de los Defectos Congénitos, desde la 63ª Asamblea Mundial de la Salud (mayo de 2010) que se reúne anualmente en Suiza-Ginebra, que instituyó esta fecha para concientizar sobre las anomalías congénitas que afectan a millones de recién nacidos anualmente.

Los defectos congénitos son anomalías estructurales o funcionales que ocurren durante la vida intrauterina y pueden identificarse durante el embarazo, al nacer o en ocasiones solo se diagnostican posteriormente.

Estas anomalías congénitas pueden tener un origen genético, infeccioso o ambiental, aunque en una importante proporción la causa resulta difícil de identificar. Las más frecuentes son las malformaciones cardíacas, los defectos del tubo neural y el síndrome de Down.

Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), ocho millones de niños nacen con alguna de estas patologías alrededor del mundo.

En América Latina y El Caribe se estima que esta cifra representa la segunda causa de muerte neonatal e infantil, después de la prematuridad.

Por su parte, el Ministerio de Salud y Deportes, a través del área de Genética de la Unidad de Gestión de la Política de Discapacidad, realiza tareas de prevención de la discapacidad, trabajando arduamente para el registro del Sistema de Vigilancia de Anomalías Congénitas.

Esta información proporcionará los datos estadísticos de recién nacidos con estas afecciones para realizar estudios de causalidad y guiar las intervenciones preventivas y de control, así como evaluar de manera sistemática sus resultados.

Si bien no todos los defectos congénitos se pueden prevenir, existen medidas que las familias pueden tomar antes y durante el embarazo para reducir el riesgo que el bebé nazca con alguna de estas afecciones.

Entre estas medidas figuran los cuidados prenatales adecuados, la ingesta suficiente de ácido fólico y yodo, restringir el consumo de alcohol, controlar la diabetes preconcepcional y gestacional, evitar exponerse a sustancias peligrosas, como los metales pesados y los plaguicidas, y completar su esquema de vacunación.

En este marco, la OPS recomienda a los países a desarrollar programas de vigilancia y seguimiento de estas anomalías, así como garantizar el tratamiento oportuno, incluyendo la cirugía, los medicamentos y la nutrición necesarias para maximizar los resultados de salud y el bienestar de los recién nacidos con alguna de estas condiciones.

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